Test drive

Manejamos el Volkswagen Jetta GLI 2020

No te confundas, es mucho más que un GTI con cajuela.

Manejamos el Volkswagen Jetta GLI 2020

Si mal no recuerdo, fue en 1998 cuando tras vender su querida Dodge D100, mi papá nos sorprendió al comprar un pequeño sedán blanco, que, en comparación con la pickup, era mucho más familiar. Era un niño, no sabía nada acerca sobre los autos y menos de aquel vehículo cuadrado más allá de que en la cajuela, tenía unas letras plateadas, bastante deterioradas, que decían Atlantic, pero lo que más captó mi atención, fueron las calcomanías laterales GLS. No sabía que significaban, pero se veían lindas.

De hecho, estoy seguro, que al igual que yo, mi papá, que compró ese auto modelo 1985 porque un amigo del amigo se lo dejó muy barato, tampoco sabía de que se trataba. Había sido un buen negocio sin más. Pero por alguna razón, a mis diez años de edad, intuía que auto especial. Sobre todo, porque cuando salíamos a visitar a los abuelos era capaz de seguirle el paso al grandioso Cutlass Eurosport de mi tío en plena carretera. Sin querer, este pequeño Volkswagen me enseñó a no hacerme menos ante nadie.

En el fondo le había tomado cariño al Atlantic, esperaba cumplir 18 para poder manejarlo, pero todo terminó cuando, cuatro años después, mi papá decidió que había llegado el momento de despedirnos de él, ya que, al parecer, el anterior dueño lo había maltratado de tal forma, que ameritaba reparaciones difíciles de costear, y con una esposa, tres hijos y un perro que mantener, la prioridad era otra. Nunca supe que fue de ese auto, sólo espero que, donde quiera que esté, reciba el amor que se merece. El siguiente auto en la familia fue un Tsuru 97, con caja de cuatro velocidades y dirección mecánica. 

Para ser sincero, hasta no hace poco caí en la cuenta, que, sin querer, mi papá había comprado un genuino Atlantic GLS, que, al momento de su lanzamiento en mayo de 1984, se anunciaba como “el lujo de la potencia”, gracias a su saludable nivel de equipamiento, pero sobre todo por el hecho de que bajo el cofre contaba con un motor de cuatro cilindros de 1.8 litros con carburador de doble garganta capaz de entregar 85 Hp (el mismo del Caribe GT). Una cifra, que hoy no sorprende, pero en su momento era bastante respetable.

En total, han transcurrido 35 años desde su lanzamiento, y hoy, sé que aquel pequeño sedán blanco con calcomanías negras -que probablemente fue el encargado de sembrar la semilla que germinó en el gran amor que le tengo a los autos-, fue un auto bastante especial, y que, en México, se trata ancestro directo del nuevo Volkswagen Jetta GLI 2020, cuya prueba, por supuesto, no podía perderme ¿volverá a surgir el amor? Acompáñame a averiguarlo.

SOBRIEDAD DEPORTIVA

Dejando de lado los asuntos del corazón, no está de más decir, que, en realidad, el Atlantic GLS, no era otra cosa que la reinterpretación nacional del primer Volkswagen Jetta GLI (Grand Luxury Injection) que, en Estados Unidos, sólo se vendió en 1984 con un motor de inyección de combustible capaz de entregar 90 Hp, que, junto a un excelente manejo, lo colocaban a la altura de varios sedanes deportivos de la época. Y con ello, se dio inicio a una larga zaga, que encuentra en la séptima generación (da clic aquí para conocer a todos los Jetta de la historia), presentada en el marco del Salón de Chicago 2019, a su más reciente integrante.

Esto explica a la perfección, por qué el Volkswagen Jetta GLI 2020 que probamos, luce los emblemas “GLI 35” en las salpicaderas, los estribos iluminados, así como en los asientos y tapetes, además de unos atractivos rines negros de 18 pulgadas con el aro exterior en rojo. De hecho, en realidad, las primeras 500 unidades comercializadas en el mercado mexicano (como la que tienes frente a ti), forman parte de una serie limitada, que celebran tres décadas y media de éxito.

Fuera de estos anagramas conmemorativos, todos los Jetta GLI, se distinguen de las versiones normales, por una estética más agresiva cortesía de una parrilla con tramado tipo panal en color negro, donde resalta una línea roja que cruza de lado a lado, techo oscuro, fascias deportivas con entradas de aire más grandes, calipers en rojo, mientras que atrás, destacan el discreto alerón negro colocado en la tapa de la cajuela, así como un difusor, de ese mismo color. Las dobles salidas de escape, completan la estampa deportiva.

Ahora bien, si nos dirigimos a las fotos oficiales, veremos que cuando se agoten los “35 aniversario”, este auto perderá un par de elementos, como los rines, que lo harán lucir deportivo, pero, al mismo tiempo, un tanto discreto. Algo, que no debe sorprender, ya que es una constante en prácticamente todos los deportivos de Volkswagen. De hecho, contrario a lo que pensamos, a nuestro andar, la cantidad de personas que lo volteaban a ver, fue menor de los esperado. Solo los conocedores y vaguetos de corazón comprendían que frente a ellos tenían una primicia.

Puertas adentro, los diferenciadores, son unos asientos y volante con paletas de cambio, ambos forrados en piel, con costuras contrastantes en rojo, así como pedales en aluminio. Mientras que, en materia de equipo, en comparación con un Jetta Highline (cuya prueba puedes ver aquí) se añade un mejorado sistema de infoentretenimiento compuesto por una pantalla táctil de 8 pulgadas con App Connect e interfaz para Apple Carplay y Android Auto, así como por un equipo de audio Beats con ocho bocinas. No obstante, destaca la integración del tan esperado cuadro de instrumentos digital, algo que nos habían quedado a deber las versiones “normales”.

En cuanto a los materiales usados en el habitáculo, nos gustan mucho los insertos en aluminio en el volante, la palanca y las manijas de las puertas, además encontramos plásticos suaves en la mayoría de las superficies, excepto en la consola central, donde se mantiene el típico material de tacto áspero, que se encuentra en prácticamente cualquier Volkswagen. En cuanto a habitabilidad, no hay mayores cambios con respecto a un Jetta normal, por lo que conserva el buen espacio para cinco pasajeros, y una cajuela con 510 litros de capacidad de carga.

Históricamente, esta característica, que lo convierte en un deportivo familiar, es su principal argumento de ventas que lo ha posicionado como un complemento frente al mismísimo Golf GTI, cuyo perfil, siempre ha sido un poco más personal y menos práctico. Además no hay que perder de vista que el sedán de Volkswagen siempre se ha adaptado mejor a los gustos del mercado estadounidense. Pero, la verdad, es que, en esta séptima entrega, el Jetta GLI, va mucho más allá de este concepto, veamos por qué.

¿EL GTI DE LOS SEDANES?

Las comparaciones son odiosas, pero aquí vale la pena hacer una pausa para encontrar los puntos en común entre GLI y GTI. Para empezar, ambos están basados en la plataforma MQB y comparten el esquema de suspensiones independientes en ambos ejes, así como los frenos de disco de 13.4 pulgadas, además de una transmisión de doble embrague DSG de seis relaciones. Pero, sin duda, el mayor punto de comunión, es el motor de cuatro cilindros de 2.0 litros TSI capaz de entregar 230 hp y 250 lb-pie de torque.

Al momento de ponerme tras el volante y comenzar a rodar, en mi mente revoloteaban estos datos, junto a las declaraciones de José Carlos Pavone, uno de los diseñadores estrella de Volkswagen, quien aseguraba que el “GLI es un GTI, pero con cajuela”, por lo que mi mente tomó como punto de referencia al hatchback deportivo. Después de todo, con un par de ediciones del Track Day GTI en mi haber, las sensaciones estaban más que frescas.

Lo primero que llama poderosamente la atención, es que, en ciudad, el auto tiene una puesta a punto que absorbe muy bien las imperfecciones del camino, sobre todo considerando que se trata de un deportivo. De verdad, puedes pasar largas jornadas de tráfico intenso sin dañar tu espalda. Sin duda, es uno de los puntos más fuertes, que lo ponen en ventaja con el GTI. En cuanto a eficiencia de combustible, la marca anuncia un rendimiento de 14.4 km/l en el ciclo urbano, pero la verdad, nosotros nos quedamos muy lejos, al lograr apenas 8.5 km/l.

El siguiente escenario de prueba fue carretera, donde no sorprende su buen aplomo de marcha. Por más que Estados Unidos sea su mercado objetivo, no deja de tener ADN alemán. Puedes viajar a velocidades crucero tranquilamente. Sello, de la casa. Lo que se nos hace raro, es que la marca anuncie 22.6 km/l en este ambiente, pero de nuevo, no logramos ni acercarnos un poco, al quedarnos en unos muy lejanos 10 km/l. O las cifras de Volkswagen son muy optimistas o nosotros tenemos el pie pesado. Una de dos.

Hasta aquí, el Jetta GLI, cumplía las expectativas sin problemas. De hecho, hasta era esperable su neutralidad en ciudad y carretera. Pero, este sedán se anuncia como un deportivo, por lo que teníamos que comprarlo, y que mejor que una sesión de circuito, por lo que decidimos llevarlo al Centro Dinámico Pegaso a darle unas cuantas vueltas.

Lo primero que hay que hacer, es acudir a la pantalla y elegir el modo de manejo Sport. Después de un par de vueltas de calentamiento, llega el momento de la verdad, y comienza la diversión acelerando a fondo. En la recta el auto es rápido, pero no sorprende de más, es progresivo, pero no agresivo. Definitivamente no es un vulgar auto "arranconero". Llega la zona de curvas, que se va entrelazando una tras o otra, y la dirección hace perfecto su trabajo, apunta a donde gires el volante. Mucho de este excelente desempeño, se le debe al diferencial de bloqueo deportivo XDS+.

Aunque, hacemos los cambios con las paletas, al límite sale a relucir el lado familiar del GLI, ya que cuando el tacómetro apenas llega a la zona roja, más en específico a las 7,000 rpm, se protege al engranar una marcha arriba por su cuenta. Respecto a los frenos, hay que destacar su resistencia al abuso. Todo lo hace tan bien y natural, que al final, deja poco al conductor. Incluso en pista se le nota más balanceado que, el ya de por sí, aburguesado Golf GTI.

Esto tal vez no sea una buena noticia para los clásicos entusiastas de la conducción, pero en realidad, esta contundente capacidad de ir muy rápido, con total control y dominio es su mayor encanto. Tal vez un Swift Sport sea más divertido, pero el Jetta GLI es un auto de marcha refinada, al más puro estilo de sus compatriotas premium (dícese Audi), que en un solo paquete ofrecen un alto desempeño, sin merma de confort.

CONCLUSIÓN Y POSICIÓN EN EL MERCADO

Con una conducción que se asemeja más a la de un auto premium con aspiraciones velocistas, que al de un deportivo puro y duro, el Volkswagen Jetta GLI 2020 encuentra en la facilidad de conducción y en la practicidad de uso, sus principales virtudes, es ideal para el ajetreo diario. Además, si por algún motivo, terminas en una sesión de circuito, ten por seguro, que no saldrás decepcionado, pero tampoco, muy emocionado, sólo feliz y desestresado.

Volkswagen Jetta GLI a prueba

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